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Espacios de vida

Distrito de El Agustino


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PRIMERAS POBLACIONES EN EL AGUSTINO

Ubicado en la margen izquierda del río Rímac en terrenos del valle bajo y pegado a dos cadenas de cerros, (cerro El Pino y cerro El Agustino), el actual territorio que ocupa el distrito de El Agustino, ha sido un espacio donde diversas sociedades se asentaron construyendo diversos tipos de arquitectura desde por lo menos 1000 años antes de Cristo.

La evidencia material que es estudiada por la arqueología nos habla de la presencia de edificaciones ceremoniales, aldeas y centros administrativos que se sitúan entre el período formativo y el Imperio Inca.

Pocos son los sitios que han merecido la atención de los estudiosos y el avance urbano ha desaparecido muchas evidencias. Las pocas que de estas quedan se hallan rodeadas de zonas habitacionales o una serie de factores las han afectado de diversas maneras.

El análisis de la evidencia arqueológica nos indica que tres periodo culturales prehispánicos se encuentran a la fecha en el distrito, así como evidencias del período colonial.

Período Formativo: Conjunto Las Salinas.
Período Estados y Señoríos Regionales: Montículos funerarios de Las Salinas.
Período Imperio Inca: Montículos funerarios de Las Salinas y Estructuras de Cerro Quiroz.
Período Colonial: Huaca Señor de Los Milagros.
Existen también una serie de sitios arqueológicos los cuales ya han desaparecido a la fecha, principalmente por el avance urbano. Entre estos destaca el sitio Cementerio Doña Isabel que se ubica en las faldas del cerro El Agustino, el mismo que desapareció en 1954. No se conservan evidencias arqueológicas de los períodos lítico, arcaico, desarrollos regionales (Cultura Lima) ni del Imperio Wari. El algunas publicaciones se refieren al sitio arqueológico de cerro El Pino, un extenso asentamiento del período Inca, dentro de los linderos del distrito de El Agustino, sin embargo este importante sitio hoy desaparecido se ubicaba en las faldas del cerro El Pino en el actual distrito de La Victoria.En 1985 se menciona el sitio arqueológico de Huaca Grande con un área de 3 080 m2, se trataba de un montículo artificial ubicado a inmediaciones del Puente La Atarjea, en el llano que se extiende entre los cerros El Agustino y Quiroz, correspondiente al sector Vicentelo Alto. El lugar ha desaparecido a la fecha.

TEMPLO CEREMONIAL “LAS SALINAS”

Milla Villena 1974 Ficha 235

Instituto Nacional de Cultura – Municipalidad de El Agustino

Dirección de Patrimonio Histórico Colonial y Republicano – Subdirección de Investigación Histórica

San Borja, diciembre 2006

Distrito de El Agustino: notas históricas y patrimonio cultural

El Agustino

El distrito “El Agustino” surgió en 1965. Su nombre procede de la orden de San Agustín, que llegó al Perú en 1551. Durante el virreinato los agustinos fueron propietarios de la chacra y calera de San Agustín, ubicada en el actual distrito. Allí producían, en forma directa o por arrendatarios, diversos cultivos como maíz y alfalfa y se extraía materiales para la confección de ladrillos y adobes para construcción y loza. La zona, en general, era zona de pequeñas haciendas y chacras de propiedad de diversas familias limeñas, hispanas, criollas y también indígenas. Existían trapiches donde se molía el bagazo para la elaboración de azúcar y se molía granos.

19104

El convento de los Barbones

En 1670 llegaron al Perú los padres de la Orden de Bethlem, la primera orden nacida en América. Fue fundada en 1667 en Guatemala (virreinato de México) por el hermano Pedro de San José Betancourt (Tenerife, Islas Canarias 1626-1667), canonizado por el Papa Juan Pablo II el 30 de julio de 2002. La orden surgió con el objetivo de dar atención a los enfermos y dar instrucción a los niños más humildes. Los miembros de la orden eran llamados hermanos de Belén, belemitas o betlehemitas, pero por las largas barbas que llevaban se hicieron conocidos como “los barbones”.

A su llegada al Perú, en 1671, se instalaron en el barrio del Cercado de los indios, pueblo nacido como reducción indígena en 1568. Allí tomaron a su cargo el Hospital de Convalecientes de Nuestra Señora del Carmen, para ayudar a los pacientes que salían del hospital Santa Ana, de indios, a recuperar totalmente su salud antes de retornar a sus hogares. El hospital ocupó parte del “Convento Grande” de los Betlemitas. En 1702, el agustino fray José de Figueroa les cedió la administración del Hospital Refugio de Incurables de Santo Toribio de Mogrovejo que él había fundado en la calle de Maravillas, donde se rendía culto a la imagen del cristo Pobre. A partir de 1732 se hicieron cargo también de la atención del hospital de Santa Ana. Muy pronto, la orden se dispersó por todo el Perú fundando hospitales.

Durante la lucha por la independencia, en 1821, el convento de los Betlehemitas fue usado como hospital militar y a partir de 1830 fue tomado por el Estado y convertido en Cuartel Militar para albergar al regimiento escolta de los presidentes, en la actualidad los “Húsares de Junín”. Este es conocido como “Cuartel de Barbones”, el cual conserva algunas estructuras del antiguo convento. El 10 de junio de 1991, el sector “A” del Cuartel de Barbones fue declarado por el INC Monumento Nacional y actualmente alberga dos museos de sitio: el nombrado “Mariscal Nieto” y el de los “Húsares de Junín”.

La muralla, el bastión de Santa Lucía, y la portada de Barbones y Maravillas.

La muralla de Lima fue construida en 1684 por orden del virrey Melchor de Navarra y Rocaful, duque de la Palata para proteger a Lima de posibles avanzadas piratas y para controlar mejor el movimiento de mercancías. Fue diseñada por el Dr. Juan Ramón Konink, cosmógrafo mayor y capella´n del virrey, y se encargó de su ejecución al alarife Manuel de Escobar. La muralla rodeó casi toda la ciudad.

Para construir la muralla se usó una base de piedras, adobones, hormigón y guano. Tenía de 5 a 6 metros de alto y 5 metros de ancho. Tenía también 34 bastiones. Solo uno de ellos se conserva todavía bastante completo: el bastión de Santa Lucía. Los bastiones o baluartes son obras de fortificación que tienen cinco lados y sobresalen en el encuentro de dos lienzos de muralla y se compone de dos caras que forman ángulo saliente, dos flancos que las unen al muro y una gola de entrada.

Tuvo inicialmente cinco portadas: una de ellas se llamaba del Cercado, por ser la puerta principal desde el Cercado de los Indios hacia las chacras de los valles de Surco y Lati o Ate. A esta portada, por conectar con el vecino convento de los Betlemitas se le conoció como Portada de Barbones (al final del jirón Junín o “Camino del Cercado de los Indios”). Otras portadas fueron: Guadalupe, Cocharcas Maravillas y del Callao. Luego se le añadieron otras portadas y tres puertas falsas, más pequeñas. Las puertas se abrían a las 6 a.m. y se cerraban a las 11 p.m.

En 1869, durante el gobierno de José Balta, se inició la demolición de las murallas para ampliar la ciudad. Actualmente en el distrito de El Agustino se conservan secciones de la muralla y un bastión completo, llamado “Santa Lucía”, todos ellos ubicados en el jirón José Ribera y Dávalos.

Sifuentes De la Cruz, Luis Enrique. Las Murallas de Lima en el proceso histórico peruano. Lima. Concytec, 2004.

La leyenda del tesoro de Catalina Huanca

Una leyenda de origen colonial enraíza con la historia de El Agustino, es la de “Catalina Huanca”, nombre bajo el cual se confunden varias mujeres cuyo origen está en el valle del Mantaro. Una fue Catalina Huanca, hija de Sinchi Canga Alaya, el “Machu” o “Viejo” Alaya, poderoso curaca de la parcialidad Hanan de la etnia Huanca al tiempo de la conquista. Otra fue Catalina Huanca Acopacha, ahijada de la primera que vivió hasta 1653, y finalmente Teresa Apolaya, hija de Carlos Apolaya y poderosa curaca de los Hanan y Lurin Huanca de los primeros años del siglo XVIII hasta su muerte en 1735. Según la leyenda narrada por Ricardo Palma, “Catalina Huanca”, mujer muy rica, cada cierto tiempo venía a Lima desde la sierra central en una litera cuyas andas estaban cubiertas de plata. Venía acompañada de 300 servidores y 50 mulas cargadas de oro y plata, tesoro que dedicaba a hacer obras de caridad en favor de distintas instituciones benéficas, entre ellas el convento de San Francisco y el hospital de indios de Santa Ana. La leyenda aseguraba que para resguardar su gran riqueza, Catalina Huanca la enterraba en los cerros de San Bartolomé, el Agustino y Zárate. A fines del siglo XIX se emprendió la búsqueda del “Tesoro de Catalina Huanca” en el cerro de El Agustino a través de una sociedad por acciones; en 1918 se reemprendió la búsqueda y finalmente el presidente Sánchez Cerro ordenó una nueva búsqueda. Las huellas de esta búsqueda infructuosa permanecen en el cerro.

De fundo a cuartel: “La Pólvora”

En 1807, los empresarios Castañeda y Asín, edificaron una fábrica para producir pólvora para minas, cañones y armas de caza, con la que se abastecía a todo el virreinato y otras posesiones españolas en América del Sur. En 1826, tras la independencia, “La Pólvora”, aunque siguió funcionando como fábrica, albergó también al Cuerpo de Artillería del Ejército. En 1856 don Ramón Castilla amplió y modernizó fábrica y cuartel.

El Agustino en el siglo XX

Hasta los años 40 del siglo XX, la zona de El Agustino conservaba todavía sus chacras, huertas y caleras, muchas de las cuales retenían los nombres de sus antiguos propietarios coloniales: Ancieta (Santa Ana), Santoyo, Vicentelo (El Llano), Bravo, La Menacho, etc. La antigua chacra El Agustino pertenecía en ese tiempo a la familia de Enrique de La Riva Agüero, que tras su muerte en 1930 fue parcelado y sus potreros y huertas se arrendaron a agricultores de origen japonés, quienes las subarrendaron a yanaconas. Sobre la zona de El Agustino en esta época señala un testigo:

“Era un lugar muy hermoso, las huertas tenían cantidad de flores, los caminos eran angostitos y las rosas crecían al lado de las acequias que traían el agua muy limpia, que servía para cocinar y beber; había muchos árboles frutales, los nísperos crecían alrededor de las huertas, las chirimoyas, las guayabas, los pacaes y fresas eran los frutales de la zona, era muy frecuente ver a los chinos y japoneses por el lugar comprando flores y frutas, que los vecinos cultivaban, otras las vendían en el Cercado de Lima”

Una urbanización aluvional: El Agustino 1940 – 1960

Hacía el fin de la década, la zona va a empezar a experimentar radicales transformaciones, fruto combinado de la acción de los gobiernos y de los profundos cambios socio-demográficos que vivía el país en ese tiempo. Así, en 1940 el Estado expropia en favor de la Beneficencia Pública de Lima parte de los terrenos del fundo Ancieta para la ampliación del Cementerio Presbítero Maestro. Se asignan también vastos terrenos agrícolas a SEDAPAL, para la ampliación de la planta de tratamiento de agua potable en la zona de La Atarjea. El 24 de setiembre de 1949, Manuel A. Odría inaugura el sanatorio para enfermos de tuberculosis, hoy Hospital General Hipólito Unanue, sobre terrenos del fundo “Bravo Chico”. Más tarde, en 1959, se inaugurará el cementerio “El ÁNGEL”.

Las invasiones

A partir de los años 40, los terrenos llanos y las laderas de los cerros fueron ocupados paulatinamente bajo diferentes modalidades. La Ley del Yanaconaje de 1947 posibilitó que los yanaconas tomaran posesión de los terrenos que venían trabajando mediante alquileres. En 1945 el establecimiento del primer Gran Mercado Mayorista y Minorista de Lima en la zona de “La Parada”, promovió la llegada de miles de migrantes a la zona, especialmente del centro y del sur del Perú. Dos años más tarde, se inició la ocupación de los cerros mediante invasiones. La primera ocurrió a partir del 15 de abril de 1947 en el cerro San Pedro de Ate; luego vendrían las de Santa Clara de Bella Luz el 12 de agosto de 1947, el cerro El Agustino el 24 de setiembre de 1947, y siete años después, en 1954, se ocuparon Santa Isabel e Independiente. Estas fueron las primeras cinco barriadas de los cerros de El Agustino. En la actualidad los cerros de El Agustino albergan a 30 de las 116 organizaciones vecinales existentes y su población es igual al 32% del total (176 000 aprox.) de los habitantes del distrito. Símbolo de esta etapa en la historia de El Agustino, es Ernesto Sánchez Silva, “Poncho Negro”, impulsor de muchos de los movimientos de toma de terrenos en la época.

El distrito El Agustino: 1965

Por Ley Nº15353 del 16 de enero de 1965 se estableció el distrito de El Agustino, cuyos límites se modificaron en 1989 cuando se desagrega el distrito de Santa Anita. Los graves problemas sociales generados por su rápida y no regulada urbanización llevó en 1969 a la aplicación del primer proceso de remodelación y destugurización en las zonas planas del distrito.

El Agustino hoy

El Agustino es un distrito de la provincia de Lima situado en el área central de Lima Metropolitana. Limita con el distrito de San Juan de Lurigancho por el norte, con Ate y Santa Anita por el este, con La Victoria y San Luis por el sur, y con el Cercado de Lima por el oeste.La superficie total es de 12,54 Km2, y su población alcanza (2007)los 180 262 habitantes.

Hoy a casi 50 años de su fundación, el distrito de El Agustino enfrenta con resolución el reto de su modernización y desarrollo humano integral en aras de la elevación de la calidad de vida de todos los vecinos del distrito: destugurización, seguridad ciudadana, limpieza y descontaminación, mejorando las vías, las áreas verdes y de recreación. Son múltiples estrategias que se conjugan en forma concertada: los esfuerzos de la Municipalidad y la acción de sus ciudadanos.

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Esta entrada fue publicada en marzo 12, 2015 por en Distritos, Noticias, Uncategorized y etiquetada con .

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